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La Noche Que Ale Pidio Motivos Para Llorar

 Hay noches que ya deberían venir con un manual, un backup emocional y un botón de emergencia. Esta fue una de esas. Todo empezó cuando el primo de Ale se fue. Su mamá llegó de trabajar, se lo llevó, y Ale entró en duelo como si hubiera perdido un tesoro familiar o un Hot Wheels que rodó calle abajo y jamás regresó. — “¡Perdí mi Primo!” — lloraba, digno de un Oscar. Lo metí a bañar, pensando inocentemente que el agua le iba a calmar el alma. Pero no. El agua estaba muy fría, muy caliente, muy mojada, muy agua. Le mojé los ojos sin querer. Le lavé el cabello (crimen contra la humanidad infantil). Y además, los chichones de la caída le dolían todos al mismo tiempo. Lo saqué del baño, lo sequé, lo llevé al cuarto. Y entonces vino la fase astronómica del drama: Quería ver televisión. Yo la apagué. Le dije con mi voz de mamá Zen que ya no tiene Zen: — “Amor, es de noche, la luna está en el cielo… toca descansar.” ERROR. La luna no le gustó. Pidió el sol. El sol estaba durmiendo. Ale llo...

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